AFINANDO LA PUNTERÍA

Las personas que estudian estas cosas dicen que la vida del hombre primitivo dependía de su capacidad de correr y lanzar. En aquellos tiempos, tener buena puntería podía ser clave para sobrevivir, por eso es de creer que, a falta de otras obligaciones laborales, nuestros antepasados le echaran muchas horas a entrenar el tiro.
Aunque apuntar bien nos es útil para enhebrar una aguja o cortar con un cuchillo sin perjudicarnos, las personas civilizadas hemos dejado de depender de la puntería a distancia, que sin embargo es la base de una gran cantidad de juegos, sobre todo tradicionales, para jóvenes y adultos.
En nuestro país existen un montón de variantes de los bolos (con posibilidades casi infinitas para el reciclado), la tanga y la petanca suenan más a gente mayor pero tienen su punto, la llave es típica de Asturias y los dardos y la rana son universales: obligado será conceder este año un lugar de prestigio a la rana que tenemos en el campa.
De los que podemos considerar como “de larga distancia” destacan el lanzamiento de hueso de aceituna, cuyo campeonato mundial se celebra en Murcia, y el lanzamiento de azadilla de Segovia, Aragón, la Rioja y seguro que de otros sitios con herramientas variadas.
En la media distancia no podemos olvidarnos de esas ferias en las que nos retan a derribar tres pesados muñecos de tres bolazos: ¡todo un arte!
 
 
 
 

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