ALEJANDRÍA

En el año 331 a.c. Alejandro Magno mandó edificar una ciudad en el delta del Nilo, en ese Egipto que acababa de arrebatar a los persas. Cuenta la historia que Alejandro fue inspirado en sueños por un viejo que le repetía unos versos de la Odisea en los que le hablaba de la isla de Faros. 
Alrededor de aquel enclave estratégico se levantó una ciudad que fue el París o el Nueva York de su época ya en tiempos de Ptolomeo II, durante el siglo siguiente. Los barcos que navegaban por todo el Mediterráneo llegaban con sus mercancías al puerto, guiados por la torre luminosa levantada en Faros y como continuación de excelentes palacios se creó el Museo, un gran centro cultural en el que podían estudiarse todas las artes y ciencias de aquellos días.
Junto al Museo se levantó una Biblioteca que albergaría los trabajos escritos por los más grandes filósofos y científicos de entonces y allí daban clases algunos de aquellos profesores para 14.000 estudiantes venidos de rincones remotos.
El tiempo, con ayuda de algunos terremotos y no pocas guerras, fue borrando el rastro de aquel fantástico lugar de la costa africana, aunque todo indica que muchos libros supieron ingeniárselas para esquivar el fuego y llegar hasta nosotros para contarnos que hace más de 2000 años hubo un lugar en el que la belleza y la cultura podían progresar y descansar.

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