El disfraz nos hace creernos elementos del juego de pleno derecho, y el buen disfraz, lleno de gracia y de sentido, muestra que el juego "va en serio".
El disfraz más espontaneo, que se improvisa con ropa de compañeros o compañeras, bolsas de basura, maquillajes o algunos objetos del entorno, revela aptitudes creativas y esa espontaneidad y sana desinhibición que se da en una atmósfera de libertad.
En el campa nos apasiona disfrazarnos, convertirnos en los fieles protagonistas de las historias que inventamos. Los nhortes son los primeros en acudir a la llamada del juego con su correspondiente disfraz y animarán al resto a vivir desde ese momento en la piel de los personajes que representan.
¡Las risas, generalmente, están garantizadas!