EL FUEGO

Los fuegos de campamento son uno de esos momentos en los que, hipnotizados por el crepitar de las llamas en medio de la noche, todos aprovechamos la magia del momento para abrir un poco los corazones después de las jornadas vividas… una costumbre muy recurrente que, a miles de kilómetros, también se produce en muchos rincones de África, donde es habitual que se cuenten sencillas historias que, normalmente, finalizan con una moraleja, aquí os dejamos dos ejemplos recogidos en sendas antologías de cuentos africanos:


LA FELICIDAD
Un antropólogo estudiaba los usos y costumbres de una tribu en África, y al estar siempre rodeado por los niños de la tribu, decidió hacer algo divertido para ellos. Consiguió una buena porción de dulces de la ciudad y los colocó dentro de un canasto decorado con cintas y otros adornos y luego dejó el cesto debajo de un árbol.
Así, llamó a los niños y coordinó un juego, que consistía en que cuando el dijera “Ya”, tenían que correr hasta el árbol y el que primero agarrase el cesto sería el ganador y tendría todos los dulces exclusivamente para él solo.
Los niños procedieron a colocarse en fila, esperando la señal acordada.
Cuando dijo “Ya”, inmediatamente todos los niños se tomaron de las manos y salieron corriendo juntos en dirección al canasto. Todos llegaron juntos y comenzaron a dividirse los dulces, y, sentados en el piso, comieron felices.
El antropólogo fue al encuentro con ellos e indignado preguntó por qué tuvieron que ir todos juntos, cuando podrían haber tenido uno de ellos el canasto completo.
Fue ahí cuando ellos respondieron:
“UBUNTU, UBUNTU!! ¿Cómo solo uno de nosotros podría ser feliz si todo el resto estuviera triste?”

LA TORTUGA Y EL LEOPARDO
La tortuga iba caminando despacio por el bosque, tan despacio iba que daba un pasito a la izquierda, y siete años después daba otro pasito a la derecha. A pesar de ir tan despacio, un día la tortuga cayó en un agujero y dijo:
-“Esto me pasa por ir tan deprisa. ¿Dónde he caído yo? Acabo de caer en un agujero, es decir una trampa. Me han puesto una trampa. Tengo que salir de aquí”.
Cuando la tortuga buscaba la manera de salir del agujero, de repente cayó dentro un leopardo. Y la tortuga dijo:
“Por lo menos ya somos dos”.
Después, ella se quedó pensativa, y se acercó al leopardo y le dijo:
“Tú leopardo, ¿qué haces en mi casa? ¿Tú no sabes que este agujero es mi casa? ¡Has entrado en mi casa sin permiso! ¡Fuera de mi casa! ¡Vete ahora mismo!”
El leopardo pensó:
“Yo soy el leopardo, soy más grande, y soy más fuerte. No puedo permitir que una simple tortuga me amenace”.
Y furioso, el leopardo se lanzó sobre la tortuga, la levantó y la lanzó fuera del agujero. La tortuga siguió caminando despacito como siempre.

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