EL OASIS

Algunas veces, el agua de las lluvias viaja kilómetros y kilómetros bajo tierra hasta encontrar en el subsuelo alguna capa de roca impermeable o de arcilla que la devuelve a la superficie.

Cuando esto ocurre en medio del desierto la vegetación se apresura a aparecer y el resultado es la viva imagen de un milagro que el viajero cansado y sofocado no dudaría en atribuir a la gracia de los dioses.

Los dátiles del palmeral y el agua fresca constituyen un premio incomparable para todo aquel que se ha atrevido a atravesar las grandes extensiones de dunas de arena, y tras el alto en el oasis, con fuerzas renovadas, la marcha se retoma con mayor fe en la llegada al destino previsto.

Desde su sencillez el oasis se ha convertido, con pleno derecho, en símbolo de paz y tranquilidad, de belleza, de lo gratamente excepcional y de descanso.

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