JUGAR A COCINAR

Estas fechas son propicias para que en las casas se cocinen ciertos platos y dulces que ayudan a identificar las fechas del año en las que vivimos.
Si para guisar un potaje de garbanzos con bacalao se requiere seguramente un curriculum en la cocina, con más soltura podemos ponernos a hacer, o a aprender, o a ayudar a hacer, unos frisuelos, unas torrijas, unos buñuelos de viento o leche frita.
A la cocina hay que acercarse con la máxima atención, por los riesgos que entraña, pero también perdiéndole el miedo a una alquimia que puede, ni más ni menos, que darte de comer bien, rico y sano. A cocinar también se puede aprender jugando con ingredientes sencillos, con herramientas “inofensivas” y con alguien que nos enseñe y nos haga cogerle el gusto a una actividad tan agradecida.
Sea un batido de frutas del bosque o una tarta de galletas con chocolate, postres eminentemente campamentales, al cocinar aprenderemos la rutina de la preparación no improvisada, el mimo en la manipulación de los ingredientes, la concesión del tiempo que necesita cada cosa y la amabilidad de dejarlo todo bien recogido y limpio al terminar. ¡Anda que no enseña cosas importantes cocinar!
 
 
  

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