LOS JUEGOS DE INGENIO

Muchos juegos requieren saltar, correr, lanzar un peso o ejercicios físicos de todo tipo. Otros requieren pensar y el que “hace músculo” es nuestro cerebro. Ocurre con muchos juegos de mesa como los que ya han pasado por aquí (Cluedo, Monopoli, Estratego, ajedrez…), aunque a veces presentan la forma de un acertijo, un cálculo o un enrevesado mecanismo.
En ocasiones, desvelada la solución, nos parece que era tan simple que nos extraña no haberlo descubierto antes (“¿Cómo salva un pastor a sus ovejas del fuego que le persigue y que avanza más deprisa que su rebaño?”, “¿Cómo se salva de la pena el reo cuya vida depende de sacar una bola blanca de un saco, en el que sabe que el rey ha metido dos bolas negras?”).
A mi modo de ver son dos las claves para resolver los juegos de ingenio: poner atención a los pequeños detalles y cambiar la forma habitual de ver las cosas, mirar desde otra perspectiva.
Son dos ejercicios que nuestro cerebro, comodón y amigo de rutinas, no suele hacer y que sin embargo marcarán la diferencia entre las personas corrientes y los verdaderos genios.

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