NHORTEÑOS EN ÁFRICA


Si África era el tema elegido por Nhorte para su campaña de campamentos de este año, no podíamos dejar pasar la ocasión para traer a este espacio a una nhorteña muy querida por esta comunidad, con un historial campamental tan amplio que le llevó a recorrer todas las paradas posibles de un/a nhorteñ@: empezó viniendo como Chispa de 8 años en el año 1.996 (dedicado a los Viajes y Viajeros, curiosa premonición), y después de recorrer todos los grupos de edad en los siguientes 9 años, se estrenó como Nhorte en el 2.004. En los siguientes años, ya como monitora, ejerció todos los roles posibles dentro del organigrama campamental, para acabar siendo Capitosa de un 4º T que inauguró a partir de ella una excelente cantera de Capitosas que llega hasta el presente año. Estamos hablando de Irene Gutierrez Díez, conocida por todos en el campa como “Gutina”, y todo lo contado ocurría mientras terminaba de manera brillante los estudios de Biología, con especialidad en Organismos y Sistemas, y un Máster en Biodiversidad y Conservación de la Naturaleza. Terminada su formación, tomó la decisión de viajar a Senegal a principios de 2015, de donde acaba de llegar con la idea de volver en cuanto pueda…. Le agradecemos de corazón que nos haya dejado este hermoso relato sobre su experiencia africana.
“Llegué a Senegal a principios de 2015 como voluntaria para el Instituto Jane Goodall España en el Departamento de Investigación, dentro de un programa de conservación del chimpancé de África del Oeste. Iba para un año, y me quedé tres en el proyecto (estas cosas que tiene África, un poco como Nhorte, que engancha).
Allí vivía en el pueblo de Dindéfélo, con una familia senegalesa, de etnia fula (o fulani), en una choza de adobe y paja en la que tenía una cama, una mesa y una estantería construidas con rafia y bambú, nada más. Fuera de las horas de trabajo, la vida se resumía en pasar tiempo en el patio con la familia, hacer ataya (té) con amigos y acudir a los eventos que sucediesen en el pueblo (bautizos, bodas, teatros de la escuela, torneos de fútbol, el mercado dominical…). En casa no teníamos ni electricidad ni agua corriente. Por suerte yo vivía a 50 metros de un pozo (sí, de los de cubo, cuerda y polea) y a 300 metros de un pozo con bomba de agua manual. Cargaba mi móvil y ordenador en la Estación Biológica (“La oficina”, por llamarlo de alguna manera) equipada con paneles solares, y cuando estaba en casa o en el pueblo sabía que si los usaba sería por tiempo limitado, pero sin dramas, porque en realidad la vida y lo interesante sucedían fuera de las pantallas.
Pasaba muchas horas en el bosque y en la sabana, el primer año hacía turnos de 6 de la mañana a 6 de la tarde durante tres días seguidos y después tenía tres días de descanso. Los dos años siguientes trabajé de 6 de la mañana a 1 del mediodía durante seis días seguidos, con un día de descanso. Todas estas horas dan para mucho, sobre todo cuando no encontrábamos al grupo de chimpancés y teníamos que caminar mucho, también para observar y escuchar la naturaleza, para conocerse a una misma y para conocer a mis compañeros de trabajo. Todas las fotos de paisajes son de Dindéfélo, que, por cierto, en Pulaar (lengua de los fulani) significa “a los pies de la montaña”. Dindéfélo es un sitio de atracción turística por sus paisajes y rutas a pie, pero sobre todo por su cascada, la más alta de Senegal. En los meses de más calor (abril y mayo), cuando la temperatura a la sombra supera los 40C, es todo un gustazo adentrarse en el bosque de galería y caminar el kilómetro que separa el pueblo de la cascada bajo la sombra de los árboles, para al final llegar y darse un buen chapuzón en las pozas bajo la cascada.
A principios de 2018 encontré una oportunidad en otro proyecto, también en Senegal y también con primates, aunque esta vez babuinos. Este es el proyecto en el que estoy actualmente, vivo en Simenti, en medio del Parque Nacional Niokolo – Koba, reserva de la biosfera y declarado en 2007 por la UNESCO Patrimonio Mundial en Peligro. Nuestro campamento se sitúa a 35 km del pueblo más cercano y a la orilla del río Gambia. A pesar de este aislamiento geográfico, gracias a ser un pequeño campamento, se han ideado ciertos truquillos para hacer la vida más cómoda. Tenemos agua corriente para la ducha (¡lujazo!) con un sistema muy sencillo: con una pequeña bomba que funciona con gasoil, extraemos agua del río a un depósito situado en una estructura alta y de ahí pasa a las tuberías que llevan agua hasta nuestra ducha. Para beber, sacamos agua del pozo (sí, otra vez cubo, cuerda y polea, no veáis qué brazos tengo después de todos estos años), y la depuramos con filtros cerámicos especiales. También tenemos electricidad en cada habitación gracias a un sistema solar de placas y baterías. La comunicación con el exterior es un poco más difícil, pues no hay cobertura donde estamos, si queremos hacer llamadas tenemos que desplazarnos al pueblo (35km que se hacen en aproximadamente 1 hora de coche) y después de muchos meses estropeado, por fin volvemos a tener internet por satélite.
Además de estar al lado del río, también estamos a lado de una laguna. Al ser un punto de agua permanente, cuando la vida decae en la sabana por la falta de agua, toda la vida se concentra en estos puntos de agua permanente. En estos meses de más calor los animales se acercan a beber agua o a refugiarse bajo las escasas sombras. Es este el momento que nosotros aprovechamos, prismáticos y cámara en mano, para observar todos estos animales. Multitud de antílopes diferentes, facóqueros, babuinos, monos verdes y patas, cocodrilos, aves… Y si tenemos suerte leones.
Yo soy un poco miedica por las noches (ay, ¡qué mal lo pasaba en los rastreos del campa!, de acampada y de norte…), y aquí los sonidos de la noche son muy de película, se oyen lechuzas, gálagos, jinetas, hipopótamos, leones, hienas… Un festival. Ya podéis imaginar lo que me cuesta salir al baño en medio de la noche, ¡menudas carreras!
Mi trabajo en Simenti es ser “Camp Manager” (o gerente de campamento, que suena mucho menos glamuroso). Muy resumidamente, me encargo de gestionar y coordinar todo el proyecto en Senegal, a nivel logístico, de mantenimiento, de relaciones con autoridades y personal local, de coordinación del equipo sobre el terreno y la recogida de datos y del bienestar de todos. En jerga nhorteña, sería una mezcla de capitosa, rumbo, sur, jefa de máquinas e intendente (eso sí, para un equipo de 10 personas máximo). Esto lo compagino con el trabajo de asistente de campo, que consiste en salir al campo, buscar al grupo de babuinos y una vez los hemos encontrado tomar datos de comportamiento social. Trabajamos diariamente con tres grupos, pero reconocemos otros grupos e individuos. En total tenemos identificados más de 120 babuinos que reconocemos individualmente. Este es un punto muy importante para ser capaces de estudiar el comportamiento social, saber quién es quién y cómo se relaciona con los demás.
Se podrían enseñar muchísimas cosas de Senegal, que es un país super diverso, desde los desiertos del norte del país, a las bonitas playas de la “Petit Côte”, los manglares del Sine Saloum, las playas, bosques y campos de arroz de la Casamance, la sabana del Senegal Oriental… Y la gran riqueza étnica del país (¡¡al menos veinte, y más de 36 idiomas!!) y dentro de ellas podrían distinguirse subgrupos. Las etnias mayoritarias son los Wolof (mayoría en el país ~43%); el siguiente gran grupo serían los Fulani (Peúles, Fula, Fulbe… repartidos por todo el Sahel y África Occidental, aunque también hay grupos en Sudán del sur, tradicionalmente pastores nómadas); le siguen los Serer (Reino del Sine Saloum, guerreros que resistieron a la islamización y con un fuerte movimiento anti francés en la época colonial); los Jola (tradicionalmente animistas – a día de hoy mezclan Islam o Cristianismo con el animismo – y muy orgullosos de su distinción étnica); después se pasaría a grupos menores como Banuik, Balanta, Manjack, Mankanya, Malinké, Sossé, Bambara, Jakhanké, Soninke, Bassari, Bedick…
Senegal recibe su nombre del río Senegal, que bordea al país por el norte y por el este, una teoría acerca de esta toponimia es que proviene del Wolof “sunu-gaal” “nuestra canoa”. Mucha población vive ligada al mar o a los grandes ríos (Senegal, Saloum y Casamance) y por ello se pueden ver muchas canoas, como muestra alguna de las fotos que os dejo aquí de Saint Louis, por cierto, capital colonial del país, en la que aún se puede ver mucha arquitectura colonial francesa). Espero que os gusten las fotos. Un beso muy grande.” Gutina.

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