NIÑOS Y NIÑAS

Desde principios de año venimos dedicando distintas crónicas, reseñas y curiosidades a las diferentes culturas del continente africano, telón de fondo de nuestros campamentos para este verano, pero el peso de la actualidad que estamos viviendo nos invita hoy a compartir con vosotros una anécdota que seguramente se estará produciendo en más de uno de vuestros hogares, estoy hablando del Ratoncito Pérez.
Un gran amigo y nhorteño de pro, que compartió campamentos con nosotros, primero como acampado y luego como monitor, llamado Jose. A. Martín, pero al que la memoria colectiva del campa reconoce mejor como “Ladrillo” (por esa vieja tradición nhorteña de rebautizar a sus personajes más populares), y al que saludamos cariñosamente desde este espacio, publicó recientemente en sus redes sociales una entrada en la que compartía con nosotros una duda: a su hija se le movía mucho un diente de leche, y estando a punto de caer, le preguntaba preocupada a su padre si la tarea del Ratoncito Pérez estaría entre las consideradas “esenciales” por las nuevas medidas de confinamiento publicadas por el Gobierno en el BOE. Tras confesarnos que llevaba todo el día esperando alguna noticia que lo aclarase, termina pidiéndonos que le avisemos si alguien se entera de algo…. ¡Qué gran oportunidad, querido amigo Ladri, se perdió el Gobierno de ofrecer un guiño a los más peques, y a sus pacientes padres/madres, incluyéndolo entre las actividades esenciales!
Nosotros, aprovechando esta entrañable historia que nuestro querido amigo nos ofrece, queremos rendir nuestro pequeño homenaje a los peques de la casa por el esfuerzo que les está tocando hacer. Y para ello, compartimos con vosotros este texto que publicó recientemente el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, no sin antes agradecer a nuestro amigo José A., Ladri ser una constante fuente de inspiración en nuestra tarea campamental, y de confirmarle que estamos seguros de que la tarea del Ratoncito Pérez es esencial…
El texto mencionado dice así:
“Es curioso...
Es curioso que mientras los adultos se amontonaban en las tiendas para hacer acopio de papel higiénico y alimentos antes de que comenzará la cuarentena ningún niño fue a la tienda de chucherías para dejarla sin existencias por miedo de que no hubiera chuches para todos los niños.
Es curioso que mientras algunos adultos se saltan la cuarentena para tomar el aire o hacer jogging los niños, que necesitan mucho más el movimiento, no se hayan escapado de casa a saltar, correr o tomar el parque con sus juegos y algarabías.
Es curioso que mientras los adultos pasamos el día colgados del móvil o el ordenador, como tú ahora, los más pequeños de la casa se entretienen haciendo cabañas, dibujando, hablando entre ellos o jugando con su imaginación.
Es curioso que estén haciendo deberes cuando se lo pedimos, ayudándonos en casa sin que se lo pidamos o celebrando cumples sin amigos, y sigan regalándonos cada día sus mejores sonrisas mientras sobrellevan la frustración.
Es curioso que cuando comenzó el estado de alarma muchos pensaron que el mayor problema serían los niños recluidos en sus casas y que ahora nos estén dando a los adultos una lección de civismo, calma y paciencia.
Es curioso que hasta ahora no nos hayamos dado cuenta de que los niños son seres maravillosos, resistentes, resilientes, colaborativos, solidarios, imaginativos, pacientes, afectuosos y que todavía les tratemos muchas veces con amenazas, gritos o con castigos. Ellos no piden mucho. Se conforman con poco. Sólo necesitan que los adultos seamos capaces de entenderlos, de hablarles con respeto y de dedicarles un poco de nuestro tiempo para demostrarnos lo maravillosos que son, curiosamente, en muchos casos, más respetuosos, pacientes, solidarios y resilientes que los propios adultos.

Por cierto, en Sudáfrica tienen la misma tradición del Ratoncito Pérez, sólo que en vez de dejar el diente debajo de la almohada, lo dejan en un zapato.

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