RASTAFARI y DIÁSPORA


Estamos acostumbrados a escuchar la palabra “rasta” asociada a un tipo de cabello muy extendido entre los jóvenes de todo el mundo desde hace más o menos cuatro décadas, sin embargo, su origen tiene que ver con todo un movimiento panafricanista que se inició en Jamaica hace un siglo a través del predicador y periodista Marcus Garvey.
El movimiento Rastafari era, cuando apareció, un entramado espiritual de distintas religiones y corrientes filosóficas que propugnaba, entre otras cosas, el regreso de todos los africanos repartidos por el mundo a causa de la esclavitud a su continente de origen y recuperarlo de las manos de los poderes colonialistas de la época.
Diez años después de iniciarse en Jamaica el movimiento Rastafari, fue coronado como emperador Haile Selassie I de Etiopía, único país que escapó del colonialismo. Inmediatamente, los seguidores rastafaris lo adoptaron como símbolo de su lucha y el protagonista de la profecía que Garvey había hecho hacía diez años:
«Mirad a África, un rey negro será coronado, el día de la liberación está cerca»
El movimiento rastafari fue uno de los primeros sectores de la sociedad jamaicana en recuperar la memoria histórica de los descendientes de los esclavos negros, por ello, no tardarían en producirse las primeras persecuciones legales de rastafaris, ocurridas en 1934, por no jurar lealtad al rey de Inglaterra Jorge V.
Una canción de los años 70 de Horace Andy, músico rasta jamaicano, dice así:
«Cuando era un niño no sabía de mi cultura. Cuando era un niño no sabía que mis antepasados venían de África. Cuando era un niño solía decir que los Rastas no eran buenos. Solía salir huyendo de ellos por las calles. Pero ahora, dejádme deciros, son los que dicen la verdad.»
Los llamados «rastas apasionados» por la defensa de su identidad y creencias, hacen uso de la estética de su fe luciendo cabelleras con rastas o dreadlocks (cabellos hilados), tams (gorros tejidos) y ropas cómodas hechas con fibras vegetales. Toda su vestimenta muestra los colores de la Tierra Madre de Etiopía, a los que adjudican un marcado valor simbólico. Estos colores son el verde, el amarillo y el rojo. El verde representa el color de la naturaleza que es cuidada y respetada por el Rasta. El amarillo representa la riqueza de su tierra. El color rojo representa también la sangre derramada por los mártires negros que han luchado por la ideología Rastafari. Y el negro, si bien no forma parte de la bandera de Etiopía, se utiliza para representar el color del pueblo africano.
Pero quien más contribuyó, sin duda, a dar a conocer el movimiento rastafari en todo el mundo, a través de su música, fue Bob Marley, máximo difusor del reggae, un complejo proceso de fusionamiento de caracteres musicales que, entre otras, bebe de la música Soul/Góspel afro estadounidense, pero innova al crear un lenguaje musical propio que se relaciona con las formas tradicionales jamaicanas, como el Mento, a cuya música se le considera como una forma de poesía popular moderna con recursos de la tradición oral que incluye cánticos populares y religiosos, crónicas y adivinanzas, etc.
El reggae nació en los barrios pobres en Trenchtown, el Gueto principal de Kingston, Jamaica, en donde se escuchaban las estaciones de radio de Estados Unidos. Algunos músicos jamaicanos comenzaron a fusionar la música tradicional jamaicana con el Rhythm and blues y el jazz estadounidense, además del ska, y el Blue Beat y otras. Los discos de Marley, más tarde, estarían entre los más vendidos de la historia de la música, y es seguro que quien más y quien menos, ha danzado alguna vez al ritmo de esta música de cadencia embriagadora.
Parece que la idea de los seguidores del movimiento Rastafari, conocidos como rastas, de que Haile Selassie liberaría a la gente de ascendencia africana del mundo conduciéndolos a una tierra prometida llena de emancipación y justicia divina, llamada Monte Sión (Zion), no se va a ver cumplida, sin embargo, el ideal se mantiene intacto en sus cabezas en forma de utopía.

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