SUBIRSE A LOS ÁRBOLES

Desde que el primer mono se bajó de un árbol para hacer vida en el suelo y comenzara el largo camino de la hominización, se diría que, al menos de niños, nunca hemos dejado de sentir la llamada de las alturas arbóreas.
Subirse a los árboles es posiblemente el juego más primitivo que nos podamos imaginar y hoy nos sigue proporcionando una agradable sensación de inestabilidad y aventura, además de otra perspectiva de los mismos espacios por los que caminamos, no falta de cierta sorpresa.
En 2003, con ARBORÍCOLAS, ya le dedicamos el tema a estos amigos fieles y compañeros de juego, a los que debemos respeto y atención, y este verano volveremos a subirnos a ellos y a relajemos luego plácidamente a su sombra.
En el Campamento Nhorte existen ¡35 especies distintas de árboles!, y aunque no podemos subirnos a todos ellos, distinguirlos, poder llamarlos por su nombre, es sin duda un bonito homenaje a quien tanto bueno hace por nosotros.
 

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