Una importante forma de expresión y de educación en las culturas orientales (china primero, japonesa después y luego ampliamente extendida) es la que viaja en forma de cuentos zen.

Se trata de historias cortas, en las que no se cuenta todo, se deja pensar a quien escucha para que saque sus propias conclusiones: zen significa meditación y es importante que el silencio tenga su espacio. También es común que aparezca la figura del maestro, como en la que contamos el otro día, aunque no siempre es así:

“Un hombre que paseaba por un campo se encontró con un tigre.Dio media vuelta y huyó con el tigre pisándole los talones. Al llegar a un precipicio, se agarró a la raíz de una vieja parra y se dejó colgar sobre el abismo. El tigre lo olfateaba desde arriba. Estremeciéndose, el hombre miró hacia el fondo del precipicio, en donde otro tigre esperaba ávido su caída para devorarlo. Sólo la parra lo sostenía.

Dos ratones empezaron entonces a roer la raíz. A su lado, el hombre vio una fresa silvestre de aspecto suculento. Aferrándose a la parra con una mano, pudo alcanzar la fresa con la otra. ¡Qué deliciosa estaba!”

Cuento tomado de: Carne de zen, huesos de zen: historias, leyendas y cuentos zen.

Imágenes tomadas de https://canalmuseal.com/parabola-budista-tigre-raton/

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