Bajo distintas formas los dragones aparecen en las mitologías de diversas culturas. A diferencia del dragón europeo, desolador, brutal e incendiario al que se debe perseguir y dar caza, el dragón oriental, aunque también sabe hacer de las suyas, es considerado un ser sabio y benefactor cuya presencia es bien recibida.
El dragón del lejano oriente es un animal multiforme con partes de serpiente, águila, caballo o camello, ciervo, carpa, almeja, vaca o toro, serpiente y tigre (según distintos relatos). Tiene patas para no arrastrarse y no tiene alas pero se mueve por el aire por sus poderes mágicos.
Su elemento genuino es el agua y es más fácil identificarle donde esta se encuentra en movimiento: cascadas, oleajes rizados y por supuesto tornados. Los fenómenos meteorológicos vinculados al agua están a su cargo y en tiempos de sequía se le hacían ofrendas para atraer su atención y su piedad.
Una leyenda cuenta que en un principio no había ríos en el Asia oriental y que fueron los 4 dragones de los 4 grandes mares quienes llevaron la lluvia a los hombres y que el Emperador de Jade les condenó a permanecer aplastados por 4 montañas por meterse donde no les llamaban, pero los 4 dragones se las ingeniaron para convertirse en los 4 grandes ríos del continente. Según otra versión fue el mismo Emperador quien los convirtió en ríos: el caso es que el agua corre abundantemente desde entonces.
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