De las leyes no escritas, muy posiblemente sea la más extendida del planeta, lo que ya dice algo bueno de nuestro género humano. Y a ser un buen anfitrión se aprende seguramente desde la experiencia de haber sido bien acogido por alguien que también lo fue en su día .
También la hospitalidad juega un papel importantísimo en las sociedades del Lejano Oriente. En las frías estepas de Mongolia, el viajero o el vecino que aparecen inesperadamente a la puerta de la yurta es invitado a ocupar rápidamente un lugar próximo al fuego y a tomar una taza de té caliente, sin preguntarle demasiado, solo pensando en su cuidado.
En China, ser hospitalario contribuye a la armonía de un hogar y honrando al invitado se honra la familia. En Japón, la omotenashi tiene algo de previsorio anticipándose a las necesidades del otro, cuidándolo sin que lo pida y sin ser invasivo al mismo tiempo.
En Vietnam se muestra hospitalidad desde la sencillez en el ofrecimiento de comida y conversación, mientras en Tailandia prima el deseo de que la persona recibida perciba bondad y calma, sin que falte nunca una sonrisa.
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