Es una de las invenciones más fantásticas realizadas en la antigua China. Ligero como el aire, hecho de la tierra, impermeable al paso el agua y forjado cuando el fuego alcanza elevadas temperaturas. El resultado fue un producto muy resistente y duradero, usado en cualquier casa para comer, beber o llevar la luz en forma de lámpara.

Las primeras porcelanas, seguramente menos refinadas, fueron ya utilizadas durante la dinastía Shang (1600–1046 a. C.) y tras un largo proceso de perfeccionamiento alcanzó sus características más reconocibles (blancura, dureza y cierta translucidez) durante las dinastías Sui y Tang (siglos VI–IX).

A Europa empieza a llegar con los árabes aunque la fórmula para su fabricación sería un misterio durante siglos. En el Renacimiento empiezan a imitarse estos objetos chinos, pero las copias son de muy pobre calidad (…) y habrá que tomarse mucho empeño para conseguir una mezcla de caolín con cuarzo, polvo de alabastro y mármol y diversos óxidos que funcione.

Por si fuera poco, la porcelana permite exquisitos acabados, fabricar objetos de gran volumen o muy pequeños, navegar entre lo útil cotidiano y la belleza de lo inútil. Pensar en estas cosas te hará disfrutar un poco más de tu próxima infusión en taza de porcelana.

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